La “traición racional” y la manipulación social: Los caminos menos evidentes para llegar al error.

humildadCreo que todos estaremos de acuerdo con el hecho de que para no equivocarse lo mas sencillo es ser bastante racional. Pensar en definitiva. Los más defensores de la intuición pensarán que eso no es cierto: Que para no equivocarnos, debemos sobretodo, seguir nuestra intuición.

Pero el objetivo de este artículo no es valorar la capacidad de la razón y la intuición para llegar a la mejor alternativa. No. Particularmente pienso que ambas son dos buenas herramientas para llegar a la mejor solución.

El objetivo de este artículo es evidenciar dos situaciones bastante habituales que conducen al error de una forma también muy habitual y que nada tienen que ver con el uso de la intuición. Esas dos situaciones son las siguientes:

  • El exceso de confianza en la capacidad de deducción.
  • La manipulación social sobre los individuos.

A continuación explico mejor esos dos puntos anteriores y cómo evitarlos.

El exceso de confianza en la capacidad de deducción

Cuando tenemos un exceso de confianza en la capacidad de deducción podemos cometer gravísimos errores, tanto por su trascendencia como por su dificultad para desenmascararlos.

Si hemos llegado a una situación errónea por el camino de la deducción, es muy difícil salir de ella porque esa misma naturaleza racional nos impide dudar en algún momento de su validez: ¿Cómo voy a cuestionar a la Razón?, parecemos decirnos a nosotros mismos cuando se nos reclama una reflexión acerca de una decisión ya tomada. Si mi decisión se basara en banalidades como la intuición, la opinión de los demás, etc… pues sí, podría cuestionarla pero si es racional y además mía… es una soberana estupidez. Sí ese es el pensamiento del soberbio, del que cree que su razonamiento es irrefutable e incuestionable.

El principal problema para llegar a la situación descrita en el párrafo anterior es la soberbia intelectual: Pensar que la Razón es siempre válida, que siempre tenemos todos los parámetros necesarios para conocer la Verdad… Y eso nunca se puede asegurar, por muy sencillo y simple que parezca el problema a resolver. Además, el añadido del EGO, que nos hace sobrevalorar nuestros razonamientos personales, hace que el error cometido pueda permanecer anclado por mucho tiempo, sin que seamos capaces ni siquiera de advertirlo (ni hablar de corregirlo!).

La manipulación social sobre los individuos

La manipulación social es otro importante camino para llegar al error. Curiosamente, es un camino totalmente opuesto al anterior aunque más evidente: Se llega al error por una ausencia importante de razonamiento y también de intuición… En estos casos, si hay intuición, se suele ignorar también.

Ante la falta de razonamiento e intuición, el individuo puede adoptar los razonamientos de otros que, además de incorrectos, muchas veces sólo buscan algún interés muy egoísta o provienen de esa soberbia intelectual mencionada antes. Esa situación es muy habitual porque las soluciones a problemas complejos, no suelen ser muy evidentes. En su lugar, aparecen alternativas mucho más simples pero, dada la complejidad del problema, habitualmente muy incorrectas.

En este punto, la demagogia hace acto de presencia, intentando convencer con argumentos sencillos a los que piensan “poco” y que tampoco se dejan llevar por su intuición. En este caso, estas personas, ayudadas por su soberbia, ratifican el error e incluso lo acentúan para no dejar evidenciar su hipotética ignorancia (es el ego funcionando “a toda máquina”).

Por todo lo expuesto, es mucho peor calificar de manipulado a alguien que de ignorante: El manipulado, además de ignorante y poco intuitivo, necesita también ser muy soberbio para no dejar en evidencia esas carencias personales (capacidad de deducción e intuición). Consecuentemente, parece ser que la manipulación es un cáncer que se auto-reproduce cuando “infecta” a cualquiera: Un manipulado se convierte automáticamente en manipulador también.

CONCLUSIONES

De toda esta exposición se deducen algunas cuestiones interesantes:

  • Racionalidad sí… pero Humildad más aún… Esto implica que, ante un razonamiento humilde (no impositivo) uno debe escuchar siempre. Y si no puede escuchar (falta de tiempo, por ejemplo), uno nunca debe rechazar el razonamiento del prójimo. Y en el caso de un razonamiento impositivo, simplemente ignorarlo pero no imponer el nuestro.
  • Ausencia de racionalidad sí… pero Humildad también… Esto implica que si uno SABE que “no es de pensar mucho” (aquellos que incitan a no pensar demasiado, por ejemplo), entonces debe ser humilde y no imponer tampoco… En este caso se incluyen también los defensores de la intuición: La intuición es propia e intransferible. Jamás se debe imponer la Intuición!

En definitiva, “no hay mayor sordo que el que no quiere escuchar…”. Es un gran dicho popular que nos indica que de nada sirve imponer nuestro criterio por mucha razón que parezca que uno tiene… Consecuente la mayor y mejor conclusión general es que la humildad siempre debe existir, tanto si se tiene razón como si no se tiene.

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