Saber perdonar, esencial para la propia felicidad.

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Conocí hace unos meses a una chica muy agradable. Pero me sorprendió bastante que se molestara algo porque yo me disculpara, según su opinión, en “exceso”… Se podría considerar que es sólo una anécdota. Pero yo creo que es una muestra de que en nuestra sociedad se está perdiendo el buen hábito de disculparse.

Y es que, en lugar de la cultura del “lo siento”, estamos en la cultura del “lo siento … pero te jodes”… El valor de la disculpa ha caído al abismo de lo innecesario e incluso de lo inapropiado… En un mundo donde el EGO está muy sobrevalorado, donde la empatía brilla por su ausencia y la arrogancia y soberbia campan a sus anchas, pedir perdón o, únicamente unas “leves disculpas” parece de otra época… Se considera un acto denigrante que, aún con motivo, no se debe realizar… “Sé que no tengo razón, pero no le voy a dar el gusto de reconocerlo”, piensan los egoístas y egocéntricos de este mundo.

Sobretodo en las relaciones personales de pareja, nos olvidamos a menudo de valorar nuestra parte de culpa en los problemas que surgen. Hay personas que parecen no querer pedir perdón jamás. Valoran mucho más su orgullo propio, aunque esté en juego su propia felicidad. Parece una nimiedad, pero pedir disculpas sinceras cuando corresponde es fundamental para que una relación progrese. Sobretodo cuando se trata de compatibilizar dos personalidades fuertes, evolucionadas, curtidas… Lamentablemente, ni en las situaciones más evidentes, hay quien NUNCA pide perdón. A lo sumo, ante la evidencia, agachan la cabeza o “ponen cara de cordero degollado”… Creen que con ese gesto es suficiente. Pero no, no es suficiente.

En mi opinión, hay dos cuestiones fundamentales para entender que es necesario pedir perdón mucho más de lo que lo hacemos en la actualidad:

1) Todos somos uno, uno somos todos. El principal inconveniente para pedir perdón es la influencia del ego. Darle demasiado valor a nuestro ego nos hace pensar que el resto de nuestro entorno social no pinta nada, o pinta muy poco. Sin embargo, si asimilamos que gran parte de nuestro ser “reside” también en los demás, ya no nos importa tanto aceptar nuestras culpas, porque por la misma razón, también son las culpas de los demás… Es decir, si aceptamos que “todos somos uno”, nuestros méritos pueden difuminarse (es la parte quizás “negativa”) pero nuestros defectos también se difuminan…

2) Disculparse siempre reconforta. Cuando uno se disculpa, está realizando un proceso indirecto de asimilación de parte del razonamiento del otro. Esa asimilación, por el mismo principio anterior, nos acerca al otro. Es decir, al disculparnos, conseguimos ser más amigos del otro. Eso es lo que nos reconforta. Pero, como en el tema particular de la pareja, la gente opta muchas veces por el Ego en lugar de por una amistad reconfortante. Dicho así parece casi un absurdo, pero lamentablemente, es mucho más habitual de lo que pueda parecer.

En fin, la disculpa es una buena inversión personal. Es uno de los procesos de evolución y enriquecimiento personal más inmediatos. Además es esencial par la evolución del Ser Humano: Siendo más amigos conseguiremos mucho más.

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