Penas de emigrante

tocon--estatua-dedicada-al-emigrante-_100994Quiero que me vaya bien en Australia… Querría conseguir un buen trabajo; ganar un sueldo decente; tener buenos amigos; conseguir un buen nivel de inglés; conocer más de esta variada cultura australiana; … Y ya por pedir, conocer a esa chica… bueno, mujer ya a mi edad, jejeje…, con la que incluso fundar una nueva “estirpe Rodríguez australiana”, jejeje… Sí estaría bien…

Pero también quiero volver, claro… Me cuesta asimilar que mis sobrinas, Alba y Leyla, “las niñas de mis ojos”, ya no me querrán como a mi me gustaría que me hubieran querido… Y lo mismo de mi sobrino y ahijado Iker: Cuando lo vuelva a ver, ni intuirá quién soy… Y también me cuesta asimilar que mis hermanos cada vez estarán más lejos de mi y de mi vida… Mis padres son los únicos que parecen tomar consciencia de que “esto es serio”; que es posible que ya no vuelva nunca más a vivir en la misma ciudad que ellos.. Ni en el mismo país… A 15.000 kilómetros de distancia… En general, me cuesta asimilar que el “anterior Alberto” podría haber “muerto” para siempre…

No se trata de una simple “evolución personal”, no… Cuando uno emigra tan lejos, cuando deja atrás todo un estilo de vida, una cultura, un hogar, unas personas que quiere y con las que mantenía un contacto frecuente y cercano; ya no se trata de una simple evolución personal… Es un corte brusco en tu vida… Es un volantazo en medio de la “autopista de tu vida” que, si no lo controlas, te puede hacerte salir de ella…

Primero te das cuenta que la mayor parte de todas tus posesiones ya no valen un pimiento… Todos los años trabajados para poder hipotecarte, para tener un coche, TV, ordenadores, los muebles que soñaste para tu soñada casa… Todas las horas invertidas trabajando para conseguir tu hogar “perfecto”… Todo dejado atrás, abandonado para siempre jamás… Incluso la simple ropa que debemos dejar en gran parte antes de partir… Nada vale nada ya…

Después, cuando ves o empiezas a ver que posiblemente te vaya “bien”, te das cuenta de la verdadera pérdida: La afectiva… Las cosas se vuelven a comprar y listo… Pero el afecto es más difícil de obtener. El afecto no se compra. Y cuando llevas toda una vida en un lugar es casi “automático”. Pero cuando te “plantas” en un lugar tan alejado en muchos sentidos, tienes que “reinventarte” no solo para las cuestiones prácticas, sino también para las “cuestiones afectivas”…

Debes ir con pies de plomo para evitar mal-entendidos personales en un entorno muy diferente al que provienes… Tienes que ser exageradamente cuidadoso en el trato personal, porque eres un extraño que “vete a saber qué piensas”, “vete a saber qué quieres con esas palabras tan extrañas que pronuncias”, “vete a saber si sólo estás aquí para hacer dinero, cueste lo que cueste”… Muchas lógicas desconfianzas, totalmente aceptables, se les plantea a toda la gente que te encuentra en su camino… Tienes que ganártelos “a pulso”… Te das cuenta pues, de lo que cuesta “venderte” a la gente, cuando ya eres un adulto y en una sociedad que, como la nuestra, es bastante superficial y materialista, donde para que apuesten por ti tienes que multiplicar por diez tus cualidades… Tienes que dar, dar, dar…; y eso cuando apenas ya no tienes casi nada, ni material ni afectivo…

“¿Qué puñetas hago aquí?”, nos preguntamos muchos de los que decidimos abandonar nuestra vida en algún momento… Con muchas ilusiones salimos de nuestras patrias pero las más importantes cuestan mucho. Me refiero a las afectivas… Y es que muchos de los que salimos, no lo hicimos sólo por encontrar un trabajo y una vida “material” más o menos confortable, no… La mayoría lo hicimos también para encontrar una “vida afectiva” que no obtuvimos en nuestra tierra… Porque quien tiene el “corazón sano” no se va solo de forma indefinida, nunca… Los solitarios que hemos salido de nuestro país, con expectativas de no volver, es porque teníamos heridas “cardíacas” más o menos intensas, no tengo ninguna duda de ello… Y mi caso no es una excepción…

Resulta paradójico que, estando estando mal del “corazón”, algunos como yo nos hayamos arriesgado a empeorar nuestras “heridas cardíacas” al alejarnos indefinidamente de nuestras familias y amigos más cercanos… Suena a locura… Suena a suicidio sentimental… Suena como a echarle más agua a uno que se está ahogando… Bueno, supongo que también somos personas que amamos los retos porque ante ellos nos superamos… Es nuestra baza, una baza arriesgada pero la única que tenemos parece.

En fin…, os echo de menos a todos…. Mi familia, mis amigos, los buenos momentos con todos vosotros, esta navidad que no podré vivir por primera vez con todos vosotros…

También te echo de menos a ti…, mi único amor?… Sí, soy un estúpido que se quedó “atrapado” en el verano del 2011… El verano que todo el mundo debería vivir por lo menos una vez en su vida… Mi oportunidad llegó tarde pero la viví intensamente, de eso sí que no podré arrepentirme jamás… Posiblemente fuera una de las razones por la que todo acabó pero me produce satisfacción saber que esos últimos meses de ese verano fueron los más especiales de mi vida… Sí, fue como un sueño, como la más tonta y ridícula película romántica jamás vista… Pero en este caso, fue real… Real mientras duró claro… Y esa historia también la veo ahora muy lejana aquí en Australia… Con las diferencias culturales y sin apenas vida social “australiana”, que se vuelva a dar una “versión” de aquella historia, también me parece, hoy por hoy, totalmente inverosímil. Me parecería ya inverosímil incluso en mi tierra… Me da la sensación de que fue mi única oportunidad… Y se perdió en el “infinito espacio” por siempre jamás… Así lo siento…

En fin… Os quiero y os echo mucho de menos a todos… Cuando uno se va, se da cuenta de lo que realmente merece la pena…; de lo que realmente vale y lo que no vale nada…

Besos y abrazos para todos…🙂

Alberto.

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