¿Religión, Comunismo o Meritocracia?

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“EL SER HUMANO ES MALO POR NATURALEZA y debemos instaurar un sistema político que nos defienda de aquellos individuos que, inevitablemente, hagan el Mal.”

Esa es la creencia BASE del comunismo. Es la forma esencial mediante la que el comunismo controla a la sociedad que gobierna.

Al contrario de lo que se cree, el comunismo no tiene ideas, sino esta única creencia, de la que se derivan muchas “ideas”, todas falsas al fallar en esta base, totalmente subjetiva. Es algo muy parecido a una RELIGIÓN sin un dios claro. Por eso, entre otras cosas, el comunismo rechaza cualquier creencia espiritual, para evitar injerencias desde otras creencias.

Una de esas maldades, es la avaricia, por supuesto. De nuevo, una similitud muy clara con respecto de otras creencias religiosas. La avaricia es el pecado más útil a esta religión, llamada comunismo. Y la avaricia tiene un elemento muy claro y objetivo: El dinero. A partir de ahora, sólo hace falta localizar quién acumula más dinero, los “ricos”, y convertirlos en los “malos”. Después se inventarán leyes, para robarle el dinero a los “ricos” y repartirlo entre los “pobres” (los buenos de la película, por supuesto).

Hasta aquí lo que es, en esencia, el comunismo. Vamos a analizar su opuesto, el capitalismo.

En el capitalismo no existe ningún tipo de CREENCIA similar a la que existe en el comunismo. En el capitalismo todo el mundo es “bueno” y tiene las mismas opciones para ser feliz (o debería, esa es la corrección que necesita el capitalismo).

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La idea central del capitalismo es la MERITOCRACIA (el poder de los méritos). Evidentemente, esta forma de gobernar es “dura” (no sé si la palabra injusta es apropiada) con los individuos menos afortunados. Por eso, pienso que los defectos del capitalismo actual se “curan” con más y mejor EDUCACIÓN, que nos conduzca a un sistema de méritos más amplio y realista con nuestra condición humana y no tan basado en el “dinero fácil” (la obsesión comunista).

Según ese nuevo modelo del capitalismo, una mujer, un madre o un discapacitado; seguramente tendrían otros méritos que no serían estrictamente ser muy productivos en el corto plazo (la característica más deseada en el mundo capitalista actual) pero que, al largo plazo, seguro daban mejor rendimiento a la empresa; simplemente porque el Ser Humano no sólo necesita dinero para ser feliz.

La única forma de alcanzar esa forma de capitalismo, más humanista, pero aún basado en los méritos personales, es mediante la EDUCACIÓN de la población. Una educación que de una visión más general y realista sobre la verdadera naturaleza humana, en absoluto relacionada con la Maldad, pero también mucho más diversificada que la capacidad de productividad inmediata.

Como corolario, sólo decir que la misma Naturaleza está basada en un sistema de MÉRITOS, donde los individuos que más mérito hacen, tienen mejor vida. Esa similitud del Capitalismo con la Naturaleza hace que el capitalismo, sin duda, sea la ÚNICA opción válida. Ahora lo único que hay que hacer es introducir más méritos en este sistema, méritos más relacionados con el propio Ser Humano, como he indicado.

Políticas económicas: Izquierda versus Derecha.

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En mi eterno esfuerzo para entender la política económica de la Izquierda, he llegado a una pregunta, creo que bastante interesante:

¿Tiene realmente más sentido apoyar a los consumidores que a los productores en una sociedad?

Haciendo de “abogado del diablo” (la izquierda, según mi forma de pensar), he pensado que, eso de apoyar el consumo en lugar de la producción tiene, a priori, bastante sentido, no os lo parece? Veamos pues, por dónde puede estar la contradicción o si es posible que haya visto la lógica en la ideología socialista.

Necesidad, consumo y producción.

¿Para qué producir si no hay consumo? Es decir, parece que aquí no debería haber un dilema tipo “huevo-gallina”: Parece claro que primero es la NECESIDAD (que crea el consumo) y luego el mecanismo para satisfacerla (producción). Voy a analizar ambas posibilidades.

¿Es realmente necesario fomentar el consumo? No parece necesario, verdad? El consumo debería estar guiado exclusivamente por la necesidad real. Una necesidad que estimularía la producción, satisfaciendo cada vez mejor esa necesidad y, posiblemente, creando nuevas necesidades “derivadas”.

Pero, volviendo a hacer de abogado del diablo: ¿Qué ventajas puede tener estimular el consumo, ya sin el empuje natural de la Necesidad? ……..

Después de pensar varios minutos…, ¡no encuentro ninguna ventaja objetiva y general para fomentar el consumo, lo juro! Los únicos que sacan tajada real son los productores de “basura” (cosas innecesarias y de baja calidad). De hecho, fomentar el consumo suele ser (menos mal!) algo muy mal visto desde todos los puntos de vista (derechas e izquierdas). Por lo tanto, a menos de que alguien se le ocurra una “idea feliz”, descartamos la opción de fomentar el consumo, es decir, apoyar a la gente para que consuma; aunque eso es una proclama social-comunista muy habitual y una de las grandes contradicciones progresistas que algún día me gustaría que alguien me explicara.

Inconformismo como motor productivo

Por lo tanto, sólo queda una alternativa para generar verdadera riqueza (lo siento por los progresistas!): Apoyar a los productores. Veamos cómo podría darse esa actitud de una forma racional, objetiva y, a la vez, social.

Primero: Siempre habrá necesidades que cubrir porque el Ser Humano es INCONFORMISTA por naturaleza: “Todos queremos más”, como decía la famosa canción de los años… 80?

Segundo: Si siempre existirán necesidades que satisfacer, siempre habrá un mercado potencial que cubrir. Bajo esta premisa, ¿es realmente necesario fomentar/apoyar la Producción? En realidad, no lo parece, pero quizás (sólo quizás!), el problema no es fomentar la producción, sino no ponerle trabas…, podría ser?!

Llegados a este punto, lo siento mis queridos progresistas, creo que hemos llegado a la conclusión de que el liberalismo económico, en términos generales, es la opción correcta. Pero sigamos con nuestro viaje ideológico.

Un empresario no es avaro, sólo estúpido.

Una empresa no necesita que el gobierno la apoye, porque el estímulo esencial de una empresa es la necesidad de la población, punto. Pero si una empresa no puede obrar con suficiente libertad, asfixiándola a base de impuestos, obligándola a contratar gente que no necesita y otros impedimentos importantes, al final, la empresa no le queda más remedio que cerrar o funcionar “a medio gas”, asegurándose la subsistencia el propio empresario, con lo que la explotación encubierta de sus empleados está a la vuelta de la esquina (hecha le ley, hecha la trampa).

¿Significa esta conclusión que debemos dejar libertad absoluta a los empresarios para dirigir sus empresas? ¿Deben poder hacer absolutamente lo que les de la gana para satisfacer esas necesidades detectadas en la población? NO, evidentemente. Veamos los matices.

Un empresario no puede tener libertad absoluta en el control de su empresa por una simple y llana razón: No es absolutamente SABIO. Eso significa que puede equivocarse, siempre hablando en modo muy, muy general y casi filosófico. Aclaro esto último porque muchos ya pensarán que lo que ocurre es que muchos empresarios no son estúpidos, sino avaros. Pero, desde el punto de vista filosófico y atendiendo al contexto expuesto previamente, ser avaro es sinónimo de ser estúpido: Porque si se atiende al 100% una necesidad, el éxito está asegurado y, contrariamente, si engañas a la gente, el fracaso es muy posible…

Por lo tanto, el empresario debe ser auditado para evitar que su “ignorancia acerca de la necesidad real” (o su maldad, para los que prefieran insistir en este término tan negativo), se imponga de una forma muy dañina a parte de la población.

Y aquí llegamos a otro punto muy importante: Debemos evitar que la estupidez de cualquier persona (no sólo empresarios) dañe a cualquiera. Al menos de una forma importante. Es decir, es necesario no pasarse en ese control para preservar un principio fundamental en la sociedad: El de libertad, por supuesto. Y es aquí, como en otros muchos ámbitos, donde encontramos el verdadero problema sobre el control legislativo sobre el empresario.

Perseguir sólo el fraude comercial

Yo creo que el problema del control justo de la actividad empresarial se fundamenta en algo muy simple: El ENGAÑO. Es decir, el Gobierno debería controlar que entre lo que se promete y lo que se vende, no hay diferencias, o son las mínimas posibles. Con esta sencilla premisa, todo sería factible, incluso vender basura, si es que hay gente que realmente la “necesita”. El ejemplo más claro de esto es la comida basura: Yo no creo que el gobierno debiera restringir la actividad de las empresas alimentarias que fabriquen bajos unos estándares de calidad muy bajos: Lo único que el gobierno debería obligar es a informar correctamente sobre la calidad de sus productos de la forma más objetiva posible. Eso implicaría, por supuesto, informar sobre el origen de las materias primas utilizadas (utilización de transgénicos, por ejemplo). En fin, esa sería la estricta [pero dura] labor gubernamental. Sería muy difícil porque el gobierno debería ser experto (o rodearse de ellos) para detectar esas “mentiras”, que es en el fondo, de lo que hablamos. Una vez detectada una “mentira” (en la forma que ya hemos visto), el gobierno debería actuar en forma de asesoría (la más leve), multando (actuación moderada) o con penas de cárcel (actuación más enérgica). Realmente, no parece muy complicado lanzarse a esta tarea. Para eso deberían servir los funcionarios, entre otras cosas.

Pero de ninguna forma, un Gobierno debería entrometerse en ninguna decisión empresarial, que no fuera la de la detección de Mentira, en el sentido expuesto. Por ejemplo, un gobierno no podría decidir el sueldo de los empleados, ni ningún otro aspecto relacionado con el tema laboral. Sí, parece demasiada libertad, cierto? Veamos qué podría pasar en ese supuesto…

Los esclavistas pertenecen a otra época

El objetivo fundamental de una empresa debería ser satisfacer las necesidades de la población. Si ya damos por supuesto, que no miente en los productos o servicios ofrecidos, ¿podemos suponer que la empresa está libre de cualquier otra culpa a parte de la mentira?

Imaginemos el peor caso: Una empresa que esclaviza casi literalmente a sus empleados. Bajo este supuesto, podemos suponer que hay otras empresas que no esclavizan a sus empleados y otro supuesto en el que todas los esclavizan (!). En este último supuesto, los trabajadores trabajarían bajo unas condiciones físicas y psicológicas horribles. ¿Es posible ser eficiente bajo estas circunstancias? Utilizando una analogía muy clara:¿Es posible sacar leche de una vaca que no se le alimenta o cuida mínimamente? El problema pues, se traslada al trato mínimamente aceptable al trabajador. Es decir, se da por hecho que, por propio interés, el empresario no explotará de una forma radical a sus trabajadores.

El trato laboral “justo” se gana, no se exige.

¿Sería suficiente esa situación “natural” de no explotación laboral para confiar que los trabajadores reciben un trato laboral justo? De nuevo, entra un parámetro muy subjetivo como es qué se considera “trato laboral justo”…

En general, yo estoy bastante en contra de la Declaración Universal de los Derechos Humanos… Me explico… 😉 Esta Declaración Universal, es asimétrica puesto que habla de DERECHOS pero no de DEBERES. Donde hay derechos, debe de haber también deberes, de lo contrario, seguro existirá una descompensación en algún sentido. Además, esa Declaración Universal no es válida “universalmente” porque, muchas ocasiones, entra en conflicto con reglas sociales y culturales, aceptadas por todos los miembros de las sociedades en particular. Finalmente, decide una forma bastante anárquica qué es una “vivienda aceptable” de forma universal (imposición), o cualquier otro parámetro incluido en la vida de cualquier individuo, como la de qué es un “trato laboral justo”… Nada, “no me trago” esa Declaración, para nada…

El anterior inciso era necesario porque es probable que esa declaración “universal” establezca qué es un “trato laboral justo”. Mi planteamiento, más que “universal”, es NATURAL… Y es que la Naturaleza es muy a menudo muy “cruel” con sus individuos, pero, en definitiva, como naturalista que me considero, no puedo dejar de aceptar esa “crueldad natural”. Por otra parte, me gusta esa “decisión natural” puesto que viene apoyada por el Principio Fundamental de la no existencia de la Maldad pura ni de la Bondad pura… Pero ese es otro tema; vuelvo al que nos toca.

Para solucionar el dilema del “trato laboral justo” yo abogo por una actitud NATURAL ante algo que no gusta, en el nivel que sea: Rechazo. Es decir, abogo por la MOTIVACIÓN del trabajador: Es imposible que todas las empresas traten por igual a sus trabajadores. Por lo tanto, se convierte en un DEBER del trabajador (esos omitidos en la Declaración Universal), el buscar otros empleos, en proporción directa con su nivel de insatisfacción laboral y por las causas que sean.

Gobierno facilitador pero no paternalista

Bajo el anterior supuesto, el Gobierno sólo debería facilitar mucho la movilidad laboral de los trabajadores, ayudándoles a encontrar la mejor empresa para su desempeño profesional. Eso haría que las empresas, no sólo compitieran entre ellas por vender sus productos y servicios, sino también para obtener los mejores trabajadores, a los que tendrían que mejorar constantemente sus condiciones laborales, bajo la presión de que se fueran a la competencia… Vaya, eso creo que ya está pasando cuando las condiciones laborales son ya bastante buenas y el gobierno no tiene ninguna competencia… Por lo tanto…. ¿Por qué no hacer extensiva esta regla natural? Muchos dicen que porque hay gente “ignorante” que no sabe/puede mejorar su propia vida por iniciativa propia… ¿Debe actuar el Gobierno como el “papá” de cierto sector de la población ignorante/inmadura? Mi respuesta es muy tajante: NO, por supuesto.

Otros de los DEBERES que también debería aparecer en esa declaración universal (de derechos y deberes, por lo tanto) es la de MADURAR. Es decir, no se puede consentir que la gente se “cuelgue” de forma consciente del Gobierno, lo que, en última instancia, implica que esa gente se “cuelga” de la otra parte de la población que ha DECIDIDO responsabilizarse de su propia vida y “tira adelante con lo que sea”… Es inaceptable por parte de un Gobierno que fomente la pereza, la irresponsabilidad y cualquier otra actitud que vaya en contra de la Sociedad en su conjunto, generando grupos sociales que viven a costa de los demás. Son los parásitos de la Sociedad.

Las sociedades deben fomentar la proactividad, la madurez, la responsabilidad, el compromiso social y frenar todo lo contrario. Por eso, las ayudas sociales deben estar EXTREMADAMENTE controladas y justificadas, por supuesto.

Por lo tanto, y para ir concluyendo, “el trato laboral justo” debería ser uno de los parámetros básicos para fomentar la buena actitud y predisposición laboral de la población, “forzando” a los trabajadores a mejorar día a día ese trato, tanto de forma “interna”, al demostrarle su valía al empresario; como de forma “externa”, buscando alternativas en otras empresas.

¿Réplicas?

En fin, me encantaría que este escrito recibiera muchas criticas, realmente objetivas que me hicieran cambiar o moderar mi actual convencimiento de que la política económica de izquierdas es un error casi total (no digo total para no irme al extremo, aunque así lo sienta). Lamentablemente, si alguien lee totalmente este escrito, será porque en principio, está bastante de acuerdo con él. Me gustará encontrar gente que también esté en lo correcto (según mi pensamiento), pero sería mucho más enriquecedor que alguien encontrara los puntos negros a todo este humilde ensayo sobre política económica. Quién sabe, a lo mejor tengo suerte! Saludos!

NOTA: Prometo que he emprendido la pregunta inicial con la sincera esperanza de encontrar algún punto débil en la teoría del liberalismo económico. “Desgraciadamente”, no lo he he encontrado… 😉

Controladores aéreos

(Comentario a una entrevista realizada en Expansion.com a un controlador, a cuento del debate abierto con sus reivindicaciones laborales. El enlace es: http://www.expansion.com/2010/08/17/empresas/transporte/1282069658.html)

Menos hipocresía señores controladores, por favor!

¿Cuantos se atreven a afirmar que no entraron en ese sector por el sueldo, vacaciones (o días libres) y demás beneficios sociales que sólo los profesionales más elitistas pueden disfrutar?!

Dudo mucho, muchísimo!, que haya tantos profesionales vocacionales en una profesión, con todos los respectos, de “aparca-coches aéreo”… Es más, personalmente me resulta bastante patético (= penoso e indignante) que profesionales intelectuales de distintos sectores (profesores, informáticos, biólogos…) al final abandonen sus supuestas vocaciones por “la pasta”… Porque aunque sean los “comedidos” 90.000 euros por los que lloraba un controlador que aquí ha expuesto su opinión, “la pasta es la pasta” y ni siquiera los universitarios más preparados ganan esos 90.000 “míseros” euros…

Por favor…, no insultemos más con comparaciones con otros profesionales que también tienen mucha responsabilidad en sus tareas diarias y que tienen sueldos mucho más racionales y comedidos… Por poner un ejemplo: Un chófer de autocar trabaja en un sector donde los accidentes y las víctimas mortales son mucho más elevadas que en la aviación…. ¿No tienen pues una responsabilidad inmensa estos señores? ¿A quién pretenden engañar los controladores con sus infantiles argumentaciones que excusan sus astronómicos salarios con supuestos excesos de estrés y responsabilidades?! Sinceramente, dudo que a mucha gente puedan engañar. A mí no, por supuesto.

Afortunadamente y contrariamente a lo que han pretendido con sus injustas reivindicaciones, ellos mismos han puesto el punto de partida para que este despropósito llega a su fin pronto. Haciendo tan públicas sus reivindicaciones no han hecho más que llamar la atención a otros como ellos, que aunque más despistados, también tienen ansias capitalistas desbordadas y ven su “filón de oro” particular… La ley de la oferta y la demanda en un mundo (lamentablemente) muy capitalista pondrá fin a tan lamentable situación. Todo lo malo tiene su parte buena.

Que no se crean que son tan super-hombres como nos quieren hacer creer: Si hay que estar despierto para que no se estrelle un avión pues nada!, Por la pasta, lo que haga falta, dicen muchos… Si realmente fueran super-hombres, no tendrían esos sueldazos… (la Humanidad no se mide por el bosillo).

Los pilotos y azafatas de vuelo eran también antiguos “super-hombres/mujeres”. Ellos tampoco eran conscientes de que eran simples chóferes y camareras “del aire”, con todos los respectos a los chóferes y camareras “de tierra”… Afortunadamente, la racionalización (=privatización?) del sector ha hecho que los salarios de estos colectivos se normalicen mucho. Para los controladores aéreos, los buenos tiempos también están llegando a su fin. Yo personalmente, les aconsejo que se dejen de desperdiciar su dinero con suntuosas mansiones, coches de lujo, colegios elitistas y demás excentricidades; porque a partir de ahora, volverán al terrenal mundo donde el dinero cuesta mucho más ganarlo… Ojalá la privatización del sector llegue cuanto antes, eso ayudará mucho.

Un universitario que no quiso sucumbir a la tentación “controladora” y que prefirió más ser un mileurista con principios que un millonario muy cuestionable…

Alberto.

Nota posterior:

Hablando casualmente con una buena amiga controladora me ha planteado otra perspectiva de la situación que difiere sutil pero de una forma importante de mi anterior perspectiva: Al parecer, el debate no era tanto de salario (así como me trasmitió el controlador entrevistado) sino de condiciones laborales… Les “fastidió” bastante a los controladores la “rebaja salarial”. Es lógico aunque fuera una “rebaja de muchísimo a sólo mucho…”. Además, es bastante extraño, pero hay muchas diferencias salariales entre controladores de distintas cominudades… Los de Madrid, por ejemplo, tienen “tradicionalmente” sueldazos impresionantes… Según palabras de mi amiga (con la que confío mucho) , lo que “remató la jugada”, fueron las condiciones adicionales que por “decretazo” quedaban obligados los controladores… Condiciones que podían llegar a afectar a la seguridad aérea. Ese, fue al parecer, el gran problema. Sin descartar que, al menos en cierto sector de la profesión, la rebaja salarial fuera lo realmente importante, me parece injusto meter a todos en el mismo saco. Así que pido disculpas públicas a quien, sin tener esas pretensiones capitalistas, se hayan podido ofender con mi escrito.